martes, 20 de diciembre de 2011

Piedras

Las piedras se dejaban llevar por el vaivén del mar. El sonido de las olas rompiendo en la orilla hacía más bonito, si se puede, el cielo estrellado.
Mis ojos no se acostumbraban a la oscuridad, a fogonazos mi ser interior despertaba en humo y frío.

Pero las estrellas me guardaban desde ahí arriba. Me guiaban por la playa para no perderme y poder resguardarme del viento y el frío.
El silencio era imposible, el sonido del mar batallaba con mi corazón en una lucha épica entre alma y razón. Mi vida pasó ante mis ojos en un segundo y caí al suelo adormecida por el perfume de la salitre en el aire.
Mis manos frías me devolvieron a la vida, mi alma en llamas había recuperado mi cuerpo y mis ojos, mis ojos ya se guiaban perfectamente en la oscuridad sin necesidad de luces.

Aunque allí mismo existiese la luz más intensa y preciosa. Aunque esa luz durase un segundo. Aunque esa luz me cegase y tropezase con las piedras.
Aunque esa luz fuese la de una estrella fugaz siempre será la que más ilumine en la noche pues con su muerte yo he comprendido la vida. Con su muerte yo he descubierto la vida.

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Mancha de pintura