A pesar de que las palabras fluyan como mis lágrimas por mi cara en estos momentos, siento que, no estoy diciendo nada importante. Porque eso importante ya lo dicen mis ojos, mi sonrisa, mis deseos.
Sin poder evitarlo he caído en esa espiral que tanto añoraba, que tanto anhelaba y que ahora me destroza cada día un poquito más.
Un día más, una duda más, un sentimiento más, un trocito de vida menos. Sé que, si alcanzara el momento exacto en el que una estrella empieza a salir mientras aún está el sol presente, si lograra capturar ese momento, en ese instante, en ese segundo, lo metería en un bote de cristal y te lo entregaría.
No sé qué escribo, ni siquiera sé que estoy sintiendo, qué más da, ya te lo dije, mi corazón está atrofiado y en las carreras siempre llega el último. Creo que no volverá a encontrar uno que lata a su mismo ritmo, y ni toda la cafeína del mundo podrá hacer que bombee tan rápido como los demás, porque, al final siempre me quedará lo mismo, mis palabras y yo misma.
martes, 2 de octubre de 2012
jueves, 27 de septiembre de 2012
Esa sonrisa.
Esa sonrisa. Esa sonrisa que mueve el mundo sin que ella se de cuenta.
Esa sonrisa. Un atisbo de su interior que surge al exterior sin necesidad de un gran camino.
Esa sonrisa. Que enamora y que enloquece, que ilumina y oscurece, pues, cuando la besas, cierras los ojos para sentirla cerca y olvidar el tiempo.
Esa sonrisa. Capaz de acariciarte el corazón sin abrir el pecho.
Esa sonrisa. Sincera y única, luminosa, cariñosa, inolvidable.
Esa sonrisa. Insistente en que la mires. Deseosa de ser el centro de atención. Esa sonrisa.
Pura luz en la oscuridad que clarea mis sueños más turbios, mis deseos más profundos. Una sonrisa que da luz a las estrellas más lejanas del universo y que permite que la noche no sea tan macabra.
Dientes de perla que guían el camino de los barcos perdidos, una ristra de luces que hacen que valga la pena mirar por la ventana a ninguna parte. Una sonrisa dulce, que amargaría al postre más caro de la pastelería más selecta. Esa sonrisa que me ilumina el alma cuando la veo y oscurece mis ojos cuando se esconde.
Una sonrisa. Una estrella. Una vida entera.
Esa sonrisa. Un atisbo de su interior que surge al exterior sin necesidad de un gran camino.
Esa sonrisa. Que enamora y que enloquece, que ilumina y oscurece, pues, cuando la besas, cierras los ojos para sentirla cerca y olvidar el tiempo.
Esa sonrisa. Capaz de acariciarte el corazón sin abrir el pecho.
Esa sonrisa. Sincera y única, luminosa, cariñosa, inolvidable.
Esa sonrisa. Insistente en que la mires. Deseosa de ser el centro de atención. Esa sonrisa.
Pura luz en la oscuridad que clarea mis sueños más turbios, mis deseos más profundos. Una sonrisa que da luz a las estrellas más lejanas del universo y que permite que la noche no sea tan macabra.
Dientes de perla que guían el camino de los barcos perdidos, una ristra de luces que hacen que valga la pena mirar por la ventana a ninguna parte. Una sonrisa dulce, que amargaría al postre más caro de la pastelería más selecta. Esa sonrisa que me ilumina el alma cuando la veo y oscurece mis ojos cuando se esconde.
Una sonrisa. Una estrella. Una vida entera.
martes, 14 de agosto de 2012
Estrellas fugaces
La noche cubrió el cielo de la Tierra. Oscureció sus calles y sus mares. La Luna cantó una nana al Sol y durmió al mundo.
Mi mundo se dormía y yo seguía allí plantada. Sobre el acantilado más alto, mirando al cielo buscando una de ellas. Una de esas fugaces obras de arte que, de vez en cuando, cruzan el cielo perdiéndose en el olvido. Siendo recordadas por aquellos que tienen la suerte de verlas. La Luna brillaba tenuemente para no apagar el espectáculo de sus pequeñas y se escondía tras una nube. La oscuridad se iba haciendo cada vez más latente.
Mis pies parecían flotar. Mi corazón temblaba de emoción, esperando ver una pequeña estrella cruzando el cielo. Mis pensamientos daban vueltas en mi cabeza y apenas podía recomponer mi cuerpo en algo que no fuese monstruoso y confuso. Tenía ante mí lo más bello de la naturaleza. El mar, el cielo, la Luna y las estrellas, todo unido de una forma magistralmente casual y era todo para mí.
Mis ojos miraban al cielo, todas aquellas luces tintineantes colgaban del cielo y cuanto más las miraban más se movían o incluso llegaban a desaparecer. Y cuando menos lo esperaba, un fogonazo cruzaba la oscuridad. Allí estaban. Estrellas fugaces. Mis estrellas fugaces. Y algo me recorrió la espalda. Y de repente, otra y otra y otra. Y se sucedían una tras otra cruzando el cielo, como lágrimas de la luna que caían sobre el mar oscuro. La emoción me embargaba, ¿estaba yo sola viendo aquel espectáculo? ¿O más gente sabría de su existencia?
No sé si fue un sueño, si fue real, si fue inventado, pero sí sé, que la vida allí en aquella roca se paró durante varios minutos, mientras yo admiraba el cielo. El mundo dejó de girar, mi corazón dejó de latir, mis sentimientos dejaron de desearte y por fin, encontré la paz que tanto añoraba. Yo, yo misma y las estrellas en el firmamento cayendo a la Tierra en un último intento de hacerse reales y vivir para siempre, entre tus sábanas, en donde yo quiero pasar el reto de mi vida.
Mi mundo se dormía y yo seguía allí plantada. Sobre el acantilado más alto, mirando al cielo buscando una de ellas. Una de esas fugaces obras de arte que, de vez en cuando, cruzan el cielo perdiéndose en el olvido. Siendo recordadas por aquellos que tienen la suerte de verlas. La Luna brillaba tenuemente para no apagar el espectáculo de sus pequeñas y se escondía tras una nube. La oscuridad se iba haciendo cada vez más latente.
Mis pies parecían flotar. Mi corazón temblaba de emoción, esperando ver una pequeña estrella cruzando el cielo. Mis pensamientos daban vueltas en mi cabeza y apenas podía recomponer mi cuerpo en algo que no fuese monstruoso y confuso. Tenía ante mí lo más bello de la naturaleza. El mar, el cielo, la Luna y las estrellas, todo unido de una forma magistralmente casual y era todo para mí.
Mis ojos miraban al cielo, todas aquellas luces tintineantes colgaban del cielo y cuanto más las miraban más se movían o incluso llegaban a desaparecer. Y cuando menos lo esperaba, un fogonazo cruzaba la oscuridad. Allí estaban. Estrellas fugaces. Mis estrellas fugaces. Y algo me recorrió la espalda. Y de repente, otra y otra y otra. Y se sucedían una tras otra cruzando el cielo, como lágrimas de la luna que caían sobre el mar oscuro. La emoción me embargaba, ¿estaba yo sola viendo aquel espectáculo? ¿O más gente sabría de su existencia?
No sé si fue un sueño, si fue real, si fue inventado, pero sí sé, que la vida allí en aquella roca se paró durante varios minutos, mientras yo admiraba el cielo. El mundo dejó de girar, mi corazón dejó de latir, mis sentimientos dejaron de desearte y por fin, encontré la paz que tanto añoraba. Yo, yo misma y las estrellas en el firmamento cayendo a la Tierra en un último intento de hacerse reales y vivir para siempre, entre tus sábanas, en donde yo quiero pasar el reto de mi vida.
domingo, 15 de julio de 2012
Prometo
Me gustaría que esta fuese la última vez que te diga te quiero. Me gustaría que esta vez fuese la última vez que te tengo en mi cabeza.
Pero no es la primera, ni será la última.
Intentaré intentar olvidarme de ti, de lo que quiero contigo, de lo que no tengo contigo. Intentaré olvidarme de todo lo que tú conllevas en mi interior. Intentaré perderme menos en ti, olvidarme de mi y del dolor.
Prometo que esta será la última vez que te diga te quiero con el corazón. Prometo que serán mis últimas palabras aquí, dedicadas a ti. Prometo que los suspiros ya no serán por ti. Prometo dejar de escribirte a escondidas. Prometo dejar de quererte.
Pero no es la primera, ni será la última.
Intentaré intentar olvidarme de ti, de lo que quiero contigo, de lo que no tengo contigo. Intentaré olvidarme de todo lo que tú conllevas en mi interior. Intentaré perderme menos en ti, olvidarme de mi y del dolor.
Prometo que esta será la última vez que te diga te quiero con el corazón. Prometo que serán mis últimas palabras aquí, dedicadas a ti. Prometo que los suspiros ya no serán por ti. Prometo dejar de escribirte a escondidas. Prometo dejar de quererte.
jueves, 12 de julio de 2012
Una historia de mentira
Existe un lugar en donde el corazón late al tiempo, camina seguro, ama de verdad y se sincera con el mundo.
Las lágrimas son escasas, raras. El dolor no encuentra lugar y la oscuridad sólo se cierne por las noches, en donde aún así brillan miles de estrellas en el cielo.
Las calles de este lugar se iluminan con las luciérnagas que vuelan por el aire. El silencio sólo es roto por cuatro grillos intentando enamorarse. Al fondo se escucha un río y no existe nada más.
O eso creen todos.
Existe una cueva oscura en la parte más oscura del bosque. Donde empieza el reino de Los Corazones Rotos. Los espinos cubren un camino de baldosas quebradas. El río de lágrimas corre colina abajo y los arbustos de las penalidades crecen a ambos lados del resquebrajado camino.
La cueva se encuentra tras dos sauces llorones que la esconden con sus ramas, no está a la vista, pero tampoco está escondida. Siempre que una de tus sonrisas no son para mí, huyo de aquel mundo postizo de sonrisa y me escondo aquí. Si alguna vez entras, mira hacia las paredes, muchas de esas palabras escritas en blanco sobre el negro de la piedra, son para ti. Muchas de esas frases de deseo, amor y pasión son para ti.
Me escondo de mi propio corazón. Me escondo de mi propia vida, porque no quiero vivirla si no es contigo. Porque desperdicié tu corazón una vez y el castigo e cierne sobre mí a cada sonrisa. A cada beso. A cada paso.
Sé que alguna vez llegará el momento en que pueda dejar de visitar esta cueva oscura...pero en el momento en el que deje de hacerlo, espero que sea porque mis labios probaron lo tuyos una vez más y por fin el destino que yo desvié se junte de nuevo en un camino seguro.
Y así, desde una carta que nunca será leída por tus ojos, me despido de ti, para siempre. Porque el muro que cubre mi corazón se quedará ahí para siempre, pues mi vida a tu lado nunca será como él espera.
Seguiré mintiéndole, diciéndole que encontraremos otra persona, en algún sitio, en algún lugar del mundo. Llegará un día, en que él y yo nos pongamos de acuerdo y amemos a la vez. Esto lo prometo yo.
Las lágrimas son escasas, raras. El dolor no encuentra lugar y la oscuridad sólo se cierne por las noches, en donde aún así brillan miles de estrellas en el cielo.
Las calles de este lugar se iluminan con las luciérnagas que vuelan por el aire. El silencio sólo es roto por cuatro grillos intentando enamorarse. Al fondo se escucha un río y no existe nada más.
O eso creen todos.
Existe una cueva oscura en la parte más oscura del bosque. Donde empieza el reino de Los Corazones Rotos. Los espinos cubren un camino de baldosas quebradas. El río de lágrimas corre colina abajo y los arbustos de las penalidades crecen a ambos lados del resquebrajado camino.
La cueva se encuentra tras dos sauces llorones que la esconden con sus ramas, no está a la vista, pero tampoco está escondida. Siempre que una de tus sonrisas no son para mí, huyo de aquel mundo postizo de sonrisa y me escondo aquí. Si alguna vez entras, mira hacia las paredes, muchas de esas palabras escritas en blanco sobre el negro de la piedra, son para ti. Muchas de esas frases de deseo, amor y pasión son para ti.
Me escondo de mi propio corazón. Me escondo de mi propia vida, porque no quiero vivirla si no es contigo. Porque desperdicié tu corazón una vez y el castigo e cierne sobre mí a cada sonrisa. A cada beso. A cada paso.
Sé que alguna vez llegará el momento en que pueda dejar de visitar esta cueva oscura...pero en el momento en el que deje de hacerlo, espero que sea porque mis labios probaron lo tuyos una vez más y por fin el destino que yo desvié se junte de nuevo en un camino seguro.
Y así, desde una carta que nunca será leída por tus ojos, me despido de ti, para siempre. Porque el muro que cubre mi corazón se quedará ahí para siempre, pues mi vida a tu lado nunca será como él espera.
Seguiré mintiéndole, diciéndole que encontraremos otra persona, en algún sitio, en algún lugar del mundo. Llegará un día, en que él y yo nos pongamos de acuerdo y amemos a la vez. Esto lo prometo yo.
martes, 19 de junio de 2012
Sin poder
Has escuchado las mismas palabras una y otra vez y no eres capaz de sobrevivir, aunque estés acostumbrada a escucharlas.
Te sigues rompiendo como una muñeca de porcelana, las lágrimas siguen oxidando tus mejillas y lo golpes astillan tu corazón. No eres capaz de seguir adelante. No sin poder.
Cuántas promesas te habrán roto. Cuántas ilusiones habrán muerto en tu lago de tristeza y cuántos besos se habrán perdido en el pensamiento de cada día.
Sé que te acuestas intentando imaginar cómo sería tu vida si cambiase sólo un ápice, si en vez de dar un paso hubieses dado otro. Sé que a veces lloras y que a veces te gustaría castigarte a ti misma y maldecirte una y otra vez hasta quedarte dormida. Sé que piensas que no llegará tu ansiado deseo, que jamás se hará realidad. Sé que tu poder es más bien poco y tu fuerza, casi inexistente.
Intenta auto-convencerte de que estás mejor sola, de que no necesitas a nadie y sonríes. Pero sabes que todo es mentira, que todo es una máscara más, una de tantas, que te cubre frente al resto. Una falsa sensación de felicidad que te evita problemas pero que te destruye cada día que pasa.
Tu vida se centra en lo que tu corazón siente y tu pensamiento ni siquiera puede quitarse de la cabeza a esa persona que debes dejar que vuele sola de una vez por todas.
Es como apretar zarzas entre tus manos, sientes cómo los pinchos se clavan en tu carne y te hacen sangrar, te hacen sentir el dolor, el sangrar de tu mano y te recuerda que la vida está ahí, que duele, que duele mucho y no puedes recuperarte.
Ni las palabras más dulces del corazón más puro podrían ahora mismo secar tus lágrimas internas.
Ni si quiera los mimos más tiernos podrían sacarte una sonrisa. ¿Qué más da, no?
Tu vida mañana será igual, quizás hoy te hayas quitado un pequeño peso de encima escribiendo aquí, pero mañana tu sonrisa seguirá torcida, el corazón te seguirá doliendo y tus pasos serán fatigosos, al igual que tu respiración.
Quieres rendirte, parar a descansar pero el viento te obliga a seguir caminando, te empuja hacia delante y lloras porque no quieres continuar. Quieres quedarte parada y pensar, pero te lo impiden. Te auto-destruyes, drogas y alcohol. Te imaginas olvidando tus más horribles sentimientos. Te imaginas sonriendo de nuevo como aquella vez, sin miedo, con amor. Pero lo imaginas tan lejano...que dudas de que exista.
Pero aquí sigues, tecleando palabras al azar que se supone que te describen. Que tú no puedes aguantar más las lágrimas, que te quieres hundir en la basura y morir ahogada entre ella, que no te mereces más, pero siempre hay una luz, una estrella, algo que ilumina y que te descubre el final, o mejor dicho, el siguiente tramo del camino.
Te sigues rompiendo como una muñeca de porcelana, las lágrimas siguen oxidando tus mejillas y lo golpes astillan tu corazón. No eres capaz de seguir adelante. No sin poder.
Cuántas promesas te habrán roto. Cuántas ilusiones habrán muerto en tu lago de tristeza y cuántos besos se habrán perdido en el pensamiento de cada día.
Sé que te acuestas intentando imaginar cómo sería tu vida si cambiase sólo un ápice, si en vez de dar un paso hubieses dado otro. Sé que a veces lloras y que a veces te gustaría castigarte a ti misma y maldecirte una y otra vez hasta quedarte dormida. Sé que piensas que no llegará tu ansiado deseo, que jamás se hará realidad. Sé que tu poder es más bien poco y tu fuerza, casi inexistente.
Intenta auto-convencerte de que estás mejor sola, de que no necesitas a nadie y sonríes. Pero sabes que todo es mentira, que todo es una máscara más, una de tantas, que te cubre frente al resto. Una falsa sensación de felicidad que te evita problemas pero que te destruye cada día que pasa.
Tu vida se centra en lo que tu corazón siente y tu pensamiento ni siquiera puede quitarse de la cabeza a esa persona que debes dejar que vuele sola de una vez por todas.
Es como apretar zarzas entre tus manos, sientes cómo los pinchos se clavan en tu carne y te hacen sangrar, te hacen sentir el dolor, el sangrar de tu mano y te recuerda que la vida está ahí, que duele, que duele mucho y no puedes recuperarte.
Ni las palabras más dulces del corazón más puro podrían ahora mismo secar tus lágrimas internas.
Ni si quiera los mimos más tiernos podrían sacarte una sonrisa. ¿Qué más da, no?
Tu vida mañana será igual, quizás hoy te hayas quitado un pequeño peso de encima escribiendo aquí, pero mañana tu sonrisa seguirá torcida, el corazón te seguirá doliendo y tus pasos serán fatigosos, al igual que tu respiración.
Quieres rendirte, parar a descansar pero el viento te obliga a seguir caminando, te empuja hacia delante y lloras porque no quieres continuar. Quieres quedarte parada y pensar, pero te lo impiden. Te auto-destruyes, drogas y alcohol. Te imaginas olvidando tus más horribles sentimientos. Te imaginas sonriendo de nuevo como aquella vez, sin miedo, con amor. Pero lo imaginas tan lejano...que dudas de que exista.
Pero aquí sigues, tecleando palabras al azar que se supone que te describen. Que tú no puedes aguantar más las lágrimas, que te quieres hundir en la basura y morir ahogada entre ella, que no te mereces más, pero siempre hay una luz, una estrella, algo que ilumina y que te descubre el final, o mejor dicho, el siguiente tramo del camino.
viernes, 15 de junio de 2012
Diamante
Mi vida se ha sumido en un pantano de incertidumbre y timidez. El miedo y el arrepentimiento goteaban del musgo de un árbol muerto. Mi sonrisa se torcía siempre al volver a casa y siempre era por la misma razón.
Porque mis ojos hacía tiempo que ya no te miraban igual.
Porque mi corazón había dejado de latir de la misma manera y porque mi cuerpo no respondía igual al paso del tiempo.
Sólo si una estrella hubiese caído en ese momento y me hubiese despertado de mi ensoñación, sé que todo esto habría sido distinto. Sé que todo habría cambiado y sería feliz sobre tu cuerpo. No como ahora, que soy infeliz sin tenerlo.
Es cuando abro los ojos que el sol me ciega y la luna me ahuyenta. Es cuando abro los portones de la muralla de mi corazón cuando el miedo se apodera de mi cuerpo, los nervios me irritan la voz y no puedo pronunciar una simple palabra sin pensarla antes veinte millones de veces. Es entonces cuando mi alma sabe que está perdida en aquello que no sabe cómo identificar. Amor, obsesión o capricho.
Y que mi corazón lata de tal manera que se quiera salir del pecho no ayuda para nada.
Pero me acuesto cada noche soñando cómo habría sido todo. Pienso hasta quedarme dormida, sueño despierta o siento en vida. Ya no sé cómo llamarlo.
Mi vida es una encrucijada de zarzas que me araña mis vestiduras y llena de sangre mi piel, que me recuerda que estoy viva, que me pudro con cada latido y que te pierdo a cada suspiro.
Si pudiese dar la vuelta a la tierra, volver al momento, habría escogido el cielo en vez de vagar yo sola por el infierno. Lágrimas secas recorren mis mejillas y mis dedos se mueven como si recorriesen tu piel, pero no estás, no te veo, no te tengo ¿y qué más da? Ya todo da igual, sólo mis palabras son las que se unen al universo para quedar expuestas ante los ojos ciegos de los lectores invisibles.
Pero créeme. Créeme cuando te digo que si pudiese cambiar la historia yo no estaría escribiendo esto, no te estaría escribiendo estas palabras en secreto. Te las estaría diciendo al oído, que son como mejor se escuchan, las escribiría en tu piel con mi dedos con tinta invisible. Las dejaría sobre tu almohada con besos en tu mejilla. Te las relataría en noches de amor y pasión que jamás imaginarías...
Sólo un paso atrás, sólo un paso atrás es lo que acabo de dar y se ha derrumbado todo a mis pies.
Pero no me paro. No me pienso parar, voy a seguir caminando con mis pies descalzos. Tropezaré, caeré, sangraré, pero pienso luchar porque seas feliz, sonrías conmigo o con cualquiera que pueda hacerlo. Y viviré siempre este sentimiento entre los rosales de mi soledad. Viviré lo que llevo dentro y lo esconderé en un diamante en la montaña más alta en donde nunca jamás se pueda romper, pues más valioso que esto no hay nada y tú, mi vida, eres parte de ello.
Quizás me esté sobrepasando y esto sólo sea un bache, pero es lo que ahora mismo recorre mis venas y mi corazón, es lo que siento antes de acostarme en la cama y dejarme en manos de Morfeo el sanador, el hacedor de sueño. Por ello dejo esto a merced de la luna dormida, que, cuando despierte, sabrá apreciar el trozo de corazón que dejé para que llegara hasta ti, pequeña princesa.
Y así, con una medio sonrisa en los labios me marcho a descansar, a soñar, a pensar, una vez más, qué hubiera sido de mí.
Porque mis ojos hacía tiempo que ya no te miraban igual.
Porque mi corazón había dejado de latir de la misma manera y porque mi cuerpo no respondía igual al paso del tiempo.
Sólo si una estrella hubiese caído en ese momento y me hubiese despertado de mi ensoñación, sé que todo esto habría sido distinto. Sé que todo habría cambiado y sería feliz sobre tu cuerpo. No como ahora, que soy infeliz sin tenerlo.
Es cuando abro los ojos que el sol me ciega y la luna me ahuyenta. Es cuando abro los portones de la muralla de mi corazón cuando el miedo se apodera de mi cuerpo, los nervios me irritan la voz y no puedo pronunciar una simple palabra sin pensarla antes veinte millones de veces. Es entonces cuando mi alma sabe que está perdida en aquello que no sabe cómo identificar. Amor, obsesión o capricho.
Y que mi corazón lata de tal manera que se quiera salir del pecho no ayuda para nada.
Pero me acuesto cada noche soñando cómo habría sido todo. Pienso hasta quedarme dormida, sueño despierta o siento en vida. Ya no sé cómo llamarlo.
Mi vida es una encrucijada de zarzas que me araña mis vestiduras y llena de sangre mi piel, que me recuerda que estoy viva, que me pudro con cada latido y que te pierdo a cada suspiro.
Si pudiese dar la vuelta a la tierra, volver al momento, habría escogido el cielo en vez de vagar yo sola por el infierno. Lágrimas secas recorren mis mejillas y mis dedos se mueven como si recorriesen tu piel, pero no estás, no te veo, no te tengo ¿y qué más da? Ya todo da igual, sólo mis palabras son las que se unen al universo para quedar expuestas ante los ojos ciegos de los lectores invisibles.
Pero créeme. Créeme cuando te digo que si pudiese cambiar la historia yo no estaría escribiendo esto, no te estaría escribiendo estas palabras en secreto. Te las estaría diciendo al oído, que son como mejor se escuchan, las escribiría en tu piel con mi dedos con tinta invisible. Las dejaría sobre tu almohada con besos en tu mejilla. Te las relataría en noches de amor y pasión que jamás imaginarías...
Sólo un paso atrás, sólo un paso atrás es lo que acabo de dar y se ha derrumbado todo a mis pies.
Pero no me paro. No me pienso parar, voy a seguir caminando con mis pies descalzos. Tropezaré, caeré, sangraré, pero pienso luchar porque seas feliz, sonrías conmigo o con cualquiera que pueda hacerlo. Y viviré siempre este sentimiento entre los rosales de mi soledad. Viviré lo que llevo dentro y lo esconderé en un diamante en la montaña más alta en donde nunca jamás se pueda romper, pues más valioso que esto no hay nada y tú, mi vida, eres parte de ello.
Quizás me esté sobrepasando y esto sólo sea un bache, pero es lo que ahora mismo recorre mis venas y mi corazón, es lo que siento antes de acostarme en la cama y dejarme en manos de Morfeo el sanador, el hacedor de sueño. Por ello dejo esto a merced de la luna dormida, que, cuando despierte, sabrá apreciar el trozo de corazón que dejé para que llegara hasta ti, pequeña princesa.
Y así, con una medio sonrisa en los labios me marcho a descansar, a soñar, a pensar, una vez más, qué hubiera sido de mí.
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