domingo, 2 de diciembre de 2012

He soñado.

He soñado que besaba tus labios en un sueño. He soñado que tu olor embriagaba mi cabeza, abrazaba mi piel y que tu piel, se fundía con la mía entre las sabanas.
Tus dedos se entrelazaban con los míos, escondidos del mundo, mientras nadie miraba. La oscuridad hacía de tus besos el lugar perfecto en donde esconderme, mis susurros erizaban tu piel, estremecían tu cuerpo y alimentaban la pasión.
El sueño me hizo estar entre tus brazos una noche. Me hizo perderme en tus caricias sin pensar en el momento en el que te tuvieras que marchar; sin pensar en lo que pasaría después. Sólo existía la habitación, la cama y dos cuerpos dispuestos a encontrarse bajo un manto de estrellas que aterciopelaban la piel con su luz. Mas tuve que despertar y no fue agradable, pues al abrir los ojos no estabas entre mis brazos. Mis labios te echaban de menos, mis oídos aún escuchaban tus gemidos, mis manos aún sentían las tuyas y mis ojos aún se reflejaban en los tuyos. Pero tú no estabas, ni siquiera tu olor estaba. Volví a cerrar los ojos, para soñarte una vez más, para evadirme del mundo en el que tengo que vivir sin ti, para olvidarme de que me despierto cada mañana sin ti.
Aunque cada noche que alejo mi mente, te imagino frente a mi, acariciando tu espalda, retorciendo tu alma en placer y delirios. En sueños de deseos que pedimos a las estrellas cuando nuestros labios aún no se habían cruzado.

Pero me di cuenta de que los sueños, sueños son y que al pensarte, mientras duermo, mi corazón te echa un poco menos de menos y mis labios te desean, un poquito más.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Hoy me apetecía

Hoy me apetecía escribir con una sonrisa en el corazón.
Me apetecía mezclar las palabras y que surgiese un mensaje de fuerza, de unión, de apoyo, de amor. Decirte a ti, que aunque el camino sea duro y difícil, es porque, quizás, al final, merecerá la pena. Susurrarte al oído que todo saldrá bien, que recuperarás su sonrisa y que jamás volverás a olvidar sus besos, pues, siempre dormirán a tu lado y te despertarán cada mañana.
Escribirte con todas las letras en el muro más grande en frente de tu casa que NO TENGAS MIEDO, que la vida a veces es dura, pero siempre se vence cuando no se tiene miedo y se camina con paso firme. No tuerzas tu sonrisa, no olvides tus fuerzas, porque ésas, ésas son las que te harán seguir adelante sean cuales sean los obstáculos. Podría unir todas las piedras de la playa para escribir SONRÍE y que cada persona que pase, que lo vea desde el cielo o que camine por entre sus letras lo lea y lo haga, sonría, y haga del mundo un lugar un poco mejor.
Volvería el tiempo atrás y empezaría de nuevo, te buscaría por entre las palabras y te encontraría entre aquella montaña que parece que no se puede escalar y las nubes que cubren el camino, pero allí estarías, esperándome con tu gran sonrisa y tus grandes ojos. Siempre.

Quiero que estas palabras te infundan la decisión que necesites para dar ese paso que no te atreves, para decir esas cosas que te dan miedo, para dar ese abrazo que te asusta, para mirar a esa chica que te gusta, para dar ese beso que jamás pensaste que darías. Quiero que leas esto, que se ericen tus pelos y que te haga querer comerte el mundo pues, el mundo es sólo tuyo y de nadie más y si quieres que ocurran cosas buenas en tu vida, sal a la calle y búscalas, sal al universo y deja que las estrellas te bañen con su luz, sé especial, habla, ríe, abraza, besa, pero siempre que lo hagas, hazlo con el corazón porque entonces, y sólo entonces, sabrás que tu vida es única y que tú, persona desconocida, eres única. Jamás olvides esa palabra, porque sí, es la única que podemos llamar nuestra.

Recuerda: sonríe por un mundo mejor.

martes, 2 de octubre de 2012

Nada

A pesar de que las palabras fluyan como mis lágrimas por mi cara en estos momentos, siento que, no estoy diciendo nada importante. Porque eso importante ya lo dicen mis ojos, mi sonrisa, mis deseos.
Sin poder evitarlo he caído en esa espiral que tanto añoraba, que tanto anhelaba y que ahora me destroza cada día un poquito más.

Un día más, una duda más, un sentimiento más, un trocito de vida menos. Sé que, si alcanzara el momento exacto en el que una estrella empieza a salir mientras aún está el sol presente, si lograra capturar ese momento, en ese instante, en ese segundo, lo metería en un bote de cristal y te lo entregaría.

No sé qué escribo, ni siquiera sé que estoy sintiendo, qué más da, ya te lo dije, mi corazón está atrofiado y en las carreras siempre llega el último. Creo que no volverá a encontrar uno que lata a su mismo ritmo, y ni toda la cafeína del mundo podrá hacer que bombee tan rápido como los demás, porque, al final siempre me quedará lo mismo, mis palabras y yo misma.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Esa sonrisa.

Esa sonrisa. Esa sonrisa que mueve el mundo sin que ella se de cuenta.
Esa sonrisa. Un atisbo de su interior que surge al exterior sin necesidad de un gran camino.
Esa sonrisa. Que enamora y que enloquece, que ilumina y oscurece, pues, cuando la besas, cierras los ojos para sentirla cerca y olvidar el tiempo.
Esa sonrisa. Capaz de acariciarte el corazón sin abrir el pecho.
Esa sonrisa. Sincera y única, luminosa, cariñosa, inolvidable.
Esa sonrisa. Insistente en que la mires. Deseosa de ser el centro de atención. Esa sonrisa.

Pura luz en la oscuridad que clarea mis sueños más turbios, mis deseos más profundos. Una sonrisa que da luz a las estrellas más lejanas del universo y que permite que la noche no sea tan macabra.
Dientes de perla que guían el camino de los barcos perdidos, una ristra de luces que hacen que valga la pena mirar por la ventana a ninguna parte. Una sonrisa dulce, que amargaría al postre más caro de la pastelería más selecta. Esa sonrisa que me ilumina el alma cuando la veo y oscurece mis ojos cuando se esconde.
Una sonrisa. Una estrella. Una vida entera.

martes, 14 de agosto de 2012

Estrellas fugaces

La noche cubrió el cielo de la Tierra. Oscureció sus calles y sus mares. La Luna cantó una nana al Sol y durmió al mundo.

Mi mundo se dormía y yo seguía allí plantada. Sobre el acantilado más alto, mirando al cielo buscando una de ellas. Una de esas fugaces obras de arte que, de vez en cuando, cruzan el cielo perdiéndose en el olvido. Siendo recordadas por aquellos que tienen la suerte de verlas. La Luna brillaba tenuemente para no apagar el espectáculo de sus pequeñas y se escondía tras una nube. La oscuridad se iba haciendo cada vez más latente.

Mis pies parecían flotar. Mi corazón temblaba de emoción, esperando ver una pequeña estrella cruzando el cielo. Mis pensamientos daban vueltas en mi cabeza y apenas podía recomponer mi cuerpo en algo que no fuese monstruoso y confuso. Tenía ante mí lo más bello de la naturaleza. El mar, el cielo, la Luna y las estrellas, todo unido de una forma magistralmente casual y era todo para mí.
Mis ojos miraban al cielo, todas aquellas luces tintineantes colgaban del cielo y cuanto más las miraban más se movían o incluso llegaban a desaparecer. Y cuando menos lo esperaba, un fogonazo cruzaba la oscuridad. Allí estaban. Estrellas fugaces. Mis estrellas fugaces. Y algo me recorrió la espalda. Y de repente, otra y otra y otra. Y se sucedían una tras otra cruzando el cielo, como lágrimas de la luna que caían sobre el mar oscuro. La emoción me embargaba, ¿estaba yo sola viendo aquel espectáculo? ¿O más gente sabría de su existencia?

No sé si fue un sueño, si fue real, si fue inventado, pero sí sé, que la vida allí en aquella roca se paró durante varios minutos, mientras yo admiraba el cielo. El mundo dejó de girar, mi corazón dejó de latir, mis sentimientos dejaron de desearte y por fin, encontré la paz que tanto añoraba. Yo, yo misma y las estrellas en el firmamento cayendo a la Tierra en un último intento de hacerse reales y vivir para siempre, entre tus sábanas, en donde yo quiero pasar el reto de mi vida.

domingo, 15 de julio de 2012

Prometo

Me gustaría que esta fuese la última vez que te diga te quiero. Me gustaría que esta vez fuese la última vez que te tengo en mi cabeza.
Pero no es la primera, ni será la última.

Intentaré intentar olvidarme de ti, de lo que quiero contigo, de lo que no tengo contigo. Intentaré olvidarme de todo lo que tú conllevas en mi interior. Intentaré perderme menos en ti, olvidarme de mi y del dolor.

Prometo que esta será la última vez que te diga te quiero con el corazón. Prometo que serán mis últimas palabras aquí, dedicadas a ti. Prometo que los suspiros ya no serán por ti. Prometo dejar de escribirte a escondidas. Prometo dejar de quererte.

jueves, 12 de julio de 2012

Una historia de mentira

Existe un lugar en donde el corazón late al tiempo, camina seguro, ama de verdad y se sincera con el mundo.
Las lágrimas son escasas, raras. El dolor no encuentra lugar y la oscuridad sólo se cierne por las noches, en donde aún así brillan miles de estrellas en el cielo.

Las calles de este lugar se iluminan con las luciérnagas que vuelan por el aire. El silencio sólo es roto por cuatro grillos intentando enamorarse. Al fondo se escucha un río y no existe nada más.
O eso creen todos.

Existe una cueva oscura en la parte más oscura del bosque. Donde empieza el reino de Los Corazones Rotos. Los espinos cubren un camino de baldosas quebradas. El río de lágrimas corre colina abajo y los arbustos de las penalidades crecen a ambos lados del resquebrajado camino.
La cueva se encuentra tras dos sauces llorones que la esconden con sus ramas, no está a la vista, pero tampoco está escondida. Siempre que una de tus sonrisas no son para mí, huyo de aquel mundo postizo de sonrisa y me escondo aquí. Si alguna vez entras, mira hacia las paredes, muchas de esas palabras escritas en blanco sobre el negro de la piedra, son para ti. Muchas de esas frases de deseo, amor y pasión son para ti.
Me escondo de mi propio corazón. Me escondo de mi propia vida, porque no quiero vivirla si no es contigo. Porque desperdicié tu corazón una vez y el castigo e cierne sobre mí a cada sonrisa. A cada beso. A cada paso.
Sé que alguna vez llegará el momento en que pueda dejar de visitar esta cueva oscura...pero en el momento en el que deje de hacerlo, espero que sea porque mis labios probaron lo tuyos una vez más y por fin el destino que yo desvié se junte de nuevo en un camino seguro.

Y así, desde una carta que nunca será leída por tus ojos, me despido de ti, para siempre. Porque el muro que cubre mi corazón se quedará ahí para siempre, pues mi vida a tu lado nunca será como él espera.
Seguiré mintiéndole, diciéndole que encontraremos otra persona, en algún sitio, en algún lugar del mundo. Llegará un día, en que él y yo nos pongamos de acuerdo y amemos a la vez. Esto lo prometo yo.